Así quizás habría querido ser despedido a sus 103 años el gran Don Nica, para algunos, el más grande de los Parra para otros, o el único y gran Antipoeta chileno para una gran mayoría. Con su característica ironía, su pluma directa, clara y hasta coloquial; pero de buen escribir, cautivó a millones de lectores a través del mundo.

Se decretaron dos días de duelo nacional, lo que implicó mantener las banderas a media asta y suspender todos los eventos masivos públicos de celebración. Por otro lado, en el Museo Violeta Parra, otras de las grandes artistas de la numerosa familia Parra, ubicado en el corazón del centro de Santiago, se abrió un libro de condolencias para los ciudadanos, que luego fue entregado a la familia.

“La poesía chilena se endecasilabó
¿Quién la desendecasilabará?
El gran desendecasilabador” “Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”. así es como define Nicanor Parra el impacto que su poesía causó en la literatura nacional.

Si, definitivamente rupturista por convicción, el mayor de los Parra fue un antipoeta que revolucionó las letras hispanoamericanas. Además de un insondable aporte que entregó en vida a la literatura y poesía occidental, sin contar con el legendario testimonio artístico que entrega a Chile con su muerte.

Es que el autor chileno creó un nuevo estilo poético-retórico, ese que le permitió escapar de la pesada y comprable sombra de Pablo Neruda, por lo que su estilo diferente y rupturista le permitió distanciarse enseguida de su primer libro, “Cancionero sin nombre “(1937).

Don Nica, como le decían, no necesitó como otros poetas de decenas de libros, o de numerosas páginas para dejar en claro de lo que se trataba su obra; muy por contrario, sus libros eran de pocas páginas, pero iban directo al grano. Por eso, cuando los reunió en obra gruesa, el golpe fue certero.

 

Su reconocimiento en vida

 

“De estatura mediana, / Con una voz ni delgada ni gruesa, / Hijo mayor de profesor primario / Y de una modista de trastienda”, se describió Parra a sí mismo en “Epitafio”, uno de los primeros textos de Poemas y Antipoemas, el libro que, desde su publicación en 1954, le granjeó amplio reconocimiento nacional e internacional.

“Flaco de nacimiento / Aunque devoto de la buena mesa; / De mejillas escuálidas / Y de más bien abundantes orejas; (…) Ni muy listo ni tonto de remate / Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y de aceite de comer / ¡Un embutido de ángel y bestia!”, agrega en ese poema, en el que se describe mejor de lo que cualquiera quizás pueda hacerlo.

 

Pero si de premios se trata, nos podemos remontar a 1938 cuando ganó el Premio Municipal de Poesía de Santiago, luego en 1955 el Premio Nacional de Literatura en 1969, unos años después en el 2012 el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda; pero esos por hablar de los premios nacionales. Ya que fuera de Chile, le otorgaron, entre otros, el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, en 1991, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2001, y el Cervantes, en 2011.

Pero tal vez su mayor reconocimiento fue el impacto que tuvo en otros escritores y en sus seguidores, ese ha sido inmenso y quizás eterno.

por lo que como se despediría el mismo: “Perdóname lector, amistoso lector que no me pueda despedir de ti, con un abrazo fiel: me despido de ti con una triste sonrisa forzada.”

“Voy y vuelvo”.