Una cruz de 18 metros de altura y 18 bloques de acero con perforaciones progresivas que permiten pasar la luz, es el símbolo del Mirador de La Cruz; ubicada en la cota máxima de la Cuesta de Chacabuco, a 3000 metros de altura, la obra del escultor Cristián Salineros, envuelve la historia del cuarto hito histórico de Colina, la Batalla de Chacabuco. Inaugurada como parte de la ruta histórica-turística de la comuna, tanto La Cruz como el Mirador se convierten en un punto reconocible de Colina incluso a la distancia.

Este proyecto fue un trabajo compartido entre la Municipalidad de Colina junto con la Municipalidad de Rinconada y la Corporación de Conservación y Difusión del Patrimonio Histórico Militar.

Corporacion de Arte y Cultura de Colina

Para Mario Olavarría, autoridad máxima de Colina, la importancia del monumento se encuentra ligada a que en consolidación de la Independencia de Chile jugó un rol clave la ayuda prestada por las provincias ubicadas al Este de Los Andes. “La construcción de una cruz, con todo el sentido que tiene para el cristianismo, necesitaba emplazarse en un mirador como estos valles de Chacabuco y Aconcagua. Así, una serie de instituciones de Gobierno en su momento, junto a los municipios de Colina y Rinconada además del Ejército de Chile, nos pusimos a trabajar para materializar este anhelo. Fue así como el 12 de febrero del año pasado se conmemoraron los 200 años de la Batalla de Chacabuco, evento que contó con la presencia del presidente argentino Mauricio Macri y la presidenta Michelle Bachelet, transformando a Chacabuco por primera vez en sede de la vista de dos presidentes. Se habló mucho de lo importante que sería concretar un nuevo hito que conmemore la hazaña. Hoy nos reunimos para entregar este monumento a la comunidad, para que lo disfruten y recuerden el motivo de su construcción, dando así la dignidad que corresponde a esa gesta y que nos llena de satisfacción”, expresó el Alcalde. 

El artista Cristián Salineros explicó que la realización de La Cruz significó ” una responsabilidad fuerte por el nivel espiritual que representa (…) lograr trabajar sobre ella y darle esa liviandad (…) por eso es blanca y tiene perforaciones que hacen que el peso visual se vaya desvaneciendo hacia arriba, para que lentamente se haga más transparente”. El hecho de incorporarle luces tuvo como propósito representar la luz interior de la espiritualidad, “en la noche desaparece el exterior y se queda ese fuego interior”.

Para Salineros esta obra de arte representó un reto en lo “épico de su medida, es una estructura considerable en su envergadura, robusta y tener que llegar a la parte más alta de la cuesta, hacer una memoria de calculo y que sea resistente a las inclemencias de la naturaleza fue un desafío muy interesante”. Mientras que la mayor satisfacción  se dio ” al  verla instalada, lograr lo que se planificó en las maquetas y en los dibujos (…) mis expectativas fueron superadas”. Sin embargo, para Salineros la mayor complacencia está por venir “porque  la gente va a reconocer ese lugar como propio”.

Fotografías: Jean Pierre Ruiz