WILLY SEMLER

29 octubre, 2013

«Cuando a uno lo pica el vicho y lo infecta, no hay ninguna otra posibilidad; el teatro es una carrera de amor y odio, y así como se dice que Chile es un país de poetas, yo creo que también es un país de actores. Creo que hay muchísimo talento”

Cuéntanos de tu familia.

Pertenezco a una familia típica Chilena de clase media Ñuñoina, químicos principalmente; mi padre fue químico textil, mis hermanas son químicas farmacéuticas y yo soy el menor de cuatro (tres mujeres) y curiosamente salí con el gen artístico, el cual todos atribuyen a mi abuelo paterno: el Semler que emigró de Alemania y quien era escultor, anatomista y vitralista cuando estos se hacían con polvo de oro y plata.

Yo, muy tempranamente y como casi todos los actores, era un cabro tímido y retraído, y a los seis años, para un 21 de mayo, me eligieron por ser larguirucho y flaco para que interpretara a Arturo Prat en la conmemoración de la fiesta naval. Ahí me aprendí el discurso entero furcio, y al final me aplaudieron. Eso fue muy marcador, así que puedo decir que desde los seis años que quería ser actor, pues me sentí aprobado, realizado y feliz.

Estudié en el Luis Campino y pertenecí al grupo del teatro del mismo pasando casi directamente a estudiar teatro en la universidad de Chile, si no fuera porque estudié un año geografía para darle el gusto a mis papás, pero no había caso, no entraba nunca a clases, organizaba el grupo pedagógico, y al año siguiente ingresé a la escuela de teatro de la Universidad de Chile.

¿Fue complicado salir del colegio y estudiar algo que no te hacia feliz?

Sufrí mucho. Era muy frustrante. Fue en el año 76, familiarmente fue muy traumático pues mis padres se oponían, por ser una familia científica y otra que existían muchos prejuicios en esa época, que por ser actor se era drogadicto y bohemio. No debemos olvidar que el ingresar a estas escuelas era casi hacer un voto de pobreza, era literalmente estudiar por amor al arte.

Bueno, en esos años, la U de Chile era la única escuela que funcionaba con teatro, sin embargo de los 24 alumnos que entraban en cada promoción, a los cuatro años, salían cinco con suerte, por ende, había mucha absorción laboral.

El año que yo egresé (80), se estaba activando el área dramática con las teleseries, por lo cual fui inmediatamente incorporado a estas; faltaban actores jóvenes, y cuando hice algo de fama y renombre, mis papás y mi familia me aceptaron. Cuando salió mi primera entrevista en el diario, yo ya era una estrella increíble. Aún tengo un álbum guardado con todos los registros que mi madre juntaba; es muy divertido.

Cómo fue obtener fama y reconocimiento

En mi caso no fue difícil, porque para bien o para mal, nunca fui galán, soy lo que se llama técnicamente un actor de carácter. El galán, está condenado a serlo hasta que se pone viejo y feo, en cambio el actor de carácter sirve para todo, hace a los malos, los payasos y caracterizaciones, cosa que siempre es más entretenido que lo otro.

Al galán lo siguen las chiquillas y las multitudes pero al de carácter lo respetan con cierta distancia. La única diferencia entre tu y yo (entrevistador), entrando al supermercado, es que yo me demoro quince minutos más que tú, porque tengo que firmar unos autógrafos y sacar unas fotos. Esto nunca ha sido algo tormentoso y siempre lo he tomado como parte del oficio.

¿has tenido problema con fans obsesivas?

hace años, en el canal donde trabajaba, teníamos casilleros para guardar las cartas enviadas por el público, yo siempre contesté porque, a diferencia de Benjamín Vicuña, las mías no eran muchas; bueno, un día respondí a una niña de Temuco que quería ser actriz, y a la semana me llamó por teléfono a mi casa, no sé cómo se consiguió el número pero me llamó, hasta que un día apareció en mi hogar para que conversáramos, como pidiéndome consejos. Luego de eso me esperaba en la puerta del canal cuando iba a trabajar, o si partía a almorzar, ella se sentaba en las mesas de un lado en los restaurant; fue un poquito inquietante, lo bueno es que no se ha vuelto a repetir.

¿Qué papel marcó tu vida actoral?

Nunca he hecho papeles protagónicos, pero si me marcó la telenovela “Mala Conducta” de Chilevisión, donde hice un personaje llamado Pelayo Bobadilla, que era un director de colegio dos por uno, muy carretero, muy bohemio y desordenado. Ahí el personaje fue bien aceptado, y a pesar de que la serie tenia fecha de termino, me avisaron que se extendía la programación cincuenta capítulos más, yo lo único que quería era que todo terminara pues estaba en un nivel de agotamiento extremo.

Dormía cuatro horas y vivía en función de eso. No pude hacer teatro y dejé de hacer clases, lo que fue muy fuerte, junto a ello el asedio del publico fue inmenso, me paraban en los semáforos y muchas cosas más.

Otro personaje fue el de la Negra Ester, a pesar que todos pensaban que era un travesti, fue muy marcador en mi carrera.

¿Y el personaje Johnny Cien Pesos?

Este personaje igual me marcó, de hecho, hace veinte años atrás, la gente todavía me recuerda y lo rememora muchísimo.

Cuando te enfrentas a un personaje, no hay recetas, tienes que partir de cero indagando, investigando y observando debiendo encontrar un método apropiado para el personaje especifico, buscando al forma de encarnar el personaje o dejar que el personaje te encarne a ti.

Todavía existe el misterio y estará mientras exista el teatro, de quién es el que esta arriba del escenario o frente a las cámaras; el actor a través del personaje o el personaje que está manifestándose a través del actor.

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